La pareja de una tía me dio a Toby porque ya no podía hacerse cargo de él. Fui a recogerlo cuando tenía un año de vida y desde entonces somos inseparables.
En una ocasión enfermó muy feo y estuvo hospitalizado una semana. Los veterinarios decían que era poca la probabilidad de que saliera con vida, pero él peleó por la suya. La enfermedad le dejó megaesófago, así que no puede comer croquetas ni comida sólida — extraña mucho hacerlo y a veces se deprime por eso. Por eso me gusta consentirlo más de lo normal.
Le encanta correr, comer, tomar el sol, ir a la playa, subir a la cama y acampar.