Tainy llegó a mi vida el 25 de abril de 2025. Me dijeron que tenía dos meses, pero después supe que en realidad tenía como mes y medio.
Llegó diminuto, de apenas 400 gramos, y desde el primer día me enfoqué en cuidarlo bien. Lo llevé al veterinario, le completé sus vacunas, fui probando alimentos hasta encontrar lo que le funcionaba mejor y lo integré a mi rutina. Ha viajado conmigo, se adaptó a la casa y a convivir con mis otras perritas, y poco a poco fue creciendo no solo físicamente, sino en confianza.
Tainy es un perrito tranquilo, equilibrado, con un apego bonito. Se queda solo sin problema, no es nervioso, no se asusta con facilidad y sabe autorregularse. Le gusta comer a su ritmo, muchas veces en la noche, y disfruta mucho sus caminatas cuando podemos salir. También es muy cariñoso, pero sin ser demandante.
Hoy pesa alrededor de 2 kilos y está sano. Yo procuro revisarlo, limpiarle los dientes, estar pendiente de su pancita, de su ánimo, de todo. Para mí no es solo una mascota: es compañía, es calma, es algo que llegó a mi vida y la cambió para bien.
Y aunque ha habido momentos donde he tenido que dividir mi atención por otras cosas, siempre vuelvo a lo mismo: quiero que Tainy tenga una vida larga, tranquila y feliz. Y todo lo que hago con él, es con eso en mente.