Romeo Carlitos es el amor de Belen. Llegó a casa en julio de 2022 con apenas dos meses, y desde el primer día fue el perro paciente, educado, que tolera todo. Muy paciente: aguanta sesiones de fotos, sesiones de mimos, sesiones de “vamos a probarte este abrigo, Romeo”. Aguanta a Belen siendo intensa con él (y Belen es intensa).
No es un cachimoco. Espera la comida serio, en silencio, sentado, sin ladrar. Eso nadie se lo enseñó: nació así. Es como tener un caballero pequeño en casa, uno que entiende que la cena llega cuando llega.
Cuando está contento, salta en una pata como un nene y se balancea, como si no pudiera contener la felicidad y le saliera por el cuerpo entero. Verlo es saber que estás haciendo bien las cosas.
Su firma — El ritual nocturno
Lo más tierno (y desesperante) es lo que pasa cada noche. Te pide con la pata a cualquier hora para que lo tapes. Cinco minutos después se destapa solo. Te vuelve a pedir. Lo tapás. Se destapa. Lo tapás. Se destapa.
Así toda la noche. Belen no sabe si Romeo no entiende que el problema lo causa él, o si simplemente le encanta el ritual de pedir que lo cuiden. Probablemente lo segundo.