Hace 6 meses, Pepa llegó a mi vida de una manera inesperada, pero desde el primer momento sentí que venía a ocupar un lugar especial. Entre miradas curiosas, pequeños hábitos y una conexión inmediata, empezó a convertirse en parte de mi rutina y de mi corazón.
Con el tiempo, Pepa no solo trajo compañía, sino también alegría en los días simples, ternura en los momentos difíciles y una energía única que transformó la casa y mi vida. Hoy, después de estos seis meses, ya no puedo imaginar mis días sin ella: llegó como una sorpresa… y terminó siendo familia.