Llegó a casa en abril de 2017 y desde ese día nos llenó de alegría. Era chiquitito, puro juego y ternura. La primera noche me mudé a su camita para dormir con él, porque extrañaba a sus hermanitos y se sentía solito.
Hoy, con 9 años, es mi compañero incondicional. Me acompañó y me acompaña en cada momento, duerme a mi lado y me cuida de noche y de día, siempre guardián.